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Disposición interna

Es muy gratificante encontrarse con aquellas personas que tienen presente la importancia de un saludo cordial, cálido, honesto y directo.
La disposición interna puede ser definida como la cualidad que le permite al ser humano ser delicado y respetuoso en su trato hacia las demás personas.
Una persona dispuesta internamente es aquella que a pesar del estrés diario, vence la impaciencia y doblega el interés egoísta para tratar bien a los demás.
La disposición para abrirnos a la tolerancia, a la empatía, a la autoestima y a la amabilidad no deben ser sólo conceptos abstractos o meramente teóricos.
Por el contrario estas virtudes, deben ser expresiones vivas de la formación personal, familiar y espiritual que hemos adquirido a través de los años.
Demostrar que se tiene esta disposición estará íntimamente relacionada con la concepción que se tiene sobre la dignidad humana y la misma trascendencia.
Esta formación personal a desempeñar valores y virtudes depende de nuestro interés con los demás y el compromiso que asumamos con nosotros mismos.
Todos hemos tenido alguna vez motivos para sentirnos atropellados, humillados, maltratados, violentados o seriamente afectados por algo o alguien.
En medio de una diferencia o un conflicto fuerte es fácil perder los estribos, levantar excesivamente la voz y pretender herir con los insultos.
Para atacar con reclamos no se requiere mayor esfuerzo, no depende de ninguna virtud y no se necesita inteligencia o sabiduría.
Cuando nos dejamos guiar por las emociones perdemos el horizonte y nos concentramos sólo en cómo nos sentimos lo que nos impide pensar con claridad.
Es fácil descender y dejarnos dominar por la tensión del momento; pero ¿realmente tiene sentido recurrir al insulto y vulgaridad para hacer un reclamo?
No debe existir ningún mérito al proceder de esta manera, mucho menos, cuando se ha recibido una educación con ética y valores humanos.
No nos convoca juzgar la forma que reaccionan las personas, pero sí reflexionar al respecto, de manera que sea oportunidad para crecer de forma integral.
Ya que se puede ser crítico y exigir que se actúe con justicia o imparcialidad sin perder la ecuanimidad y el decoro que nos permite ser amables.
Es fundamental detenernos un momento para apreciar la importancia de la amabilidad en nuestra vida personal, familiar y social.
El ser amables, no debe ser entendida como cualidad de carácter social limitada al formalismo de ademanes que pueden rayar en la hipocresía.
El tratar con respeto a cada persona incluso cuando sentimos que no lo merecen; manifiesta un alto grado de madurez y fortaleza mental y espiritual.
La preparación académica es influida por las instituciones, más la formación personal en valores y virtudes depende de nuestro interés y compromiso.
Así conscientes de nuestras debilidades, es nuestra responsabilidad “trabajar” para mejorar actitudes conformistas y justificaciones de nuestras reacciones.
“Así soy yo”, “No es mi culpa” o “Esta es la costumbre”, sólo demuestran el desinterés por el respeto que todos merecemos como hermanos espirituales.
Sabiendo que más que una simple realidad será una verdadera prueba las situaciones que midan nuestra disposición para mejorar y fortalecer el espíritu.
En cada una de estas ocasiones podemos ser débiles y ceder ante la provocación o ser fuertes y vencer con la sabiduría con una actitud reflexiva.
Ya que se requiere de sabiduría para orientar nuestros pasos en un ambiente tan “hostil”, seguir una senda que conduzca a una felicidad legítima.
Así mejor mantengamos esta disposición junto con el amor que surge del Creador, que nos permita ser humildes y buscar la solución a las dificultades.
A través de la búsqueda profunda reconocemos que somos seres falibles y sólo con ayuda de un ser elevado podemos alcanzar el propósito mencionado.
Con esta disposición cambiaría drásticamente nuestra forma de ver el mundo y valorarlo; con esta actitud estamos a tiempo de transformar nuestras vidas.
Así mejor actuemos con honestidad, amemos con fidelidad y dándonos a los demás con fraternidad, llevados de la mano por nuestro Creador.
Así cada uno con su papel en este mundo, ya sea hermanos, vecinos, amigos o desconocidos mejor seamos solidarios, respetuosos y pacíficos.
“El corazón del sabio es el que refleja tranquilidad, embellece la sensatez y regala amabilidad, más el corazón del soberbio es el que destroza la completa paz, el que acaba con la armonía y el que no acepta a una persona con su alma caritativa” Alonso

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