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Maldita poesía pura y no tengo miedo

Maldita poesía pura y no tengo miedo

poesia

Silvia Delgado Fuentes

No entiendo la poesía que calla,
no entiendo sus versos limpios,
sus palabras despiojadas.
No entiendo la poesía sin conciencia.
No entiendo esa poesía inmaculada sin muertos sobre la mesa, sin cicatrices,
no entiendo la poesía que no cuenta la sangre derramada,
que no escucha millones de lamentos en cadena.
No entiendo la poesía que teme asomarse a la tierra.
No entiendo la poesía de camisa limpia,
de amor a secas,
de paz en tiempos de guerra.
No entiendo la poesía que ha perdido el habla
mientras fuera, aquí mismo,
corren descalzos hombres y mujeres,
mientras fuera, aquí mismo,
gritan en medio de tinieblas,
mientras fuera, aquí mismo,
se cansan los labios, se rompen las vertebras.
Mientras fuera, aquí mismo,
la justicia es arrastrada entre cadáveres,
mientras fuera, aquí mismo,
los nombres pesan,
el tiro es fácil,
los cràneos se afeitan.
No entiendo, no.
No entiendo la poesía de espejismos,
de andares suaves y buenos modales.
Maldita poesía pura
que no afila sus palabras,
que no las mancha.
Maldita poesía
hecha con bostezos en serie,
que nunca vive a la intemperie.

Maldita poesía que insiste con su voz tibia
en mostrarnos un mundo
donde nada es amargo,
donde siempre es domingo,
donde todo es fecundo.
Maldita esta poesía
sin llagas y sin pulso.

NO TENGO MIEDO
no tengo miedo
Yo no tengo miedo a la libertad de expresión, ¿por qué habría de tenerlo si yo sé que mi verdad, es pequeña pero cierta?
Yo no tengo miedo a escribir ni a decir lo que dictan mis palabras.
Yo no tengo miedo a leer lo que otros escriben sin faltas, entre sus líneas asoman complicidades baratas.
Yo no tengo miedo a escuchar lo que gritan a pleno pulmón cuando no se les da la razón o cuando peligran sus bocas de paja.
Yo no tengo miedo a alzar la voz, a llevar clavados versos en mi garganta, no tengo miedo a andar errante por estos caminos sin gracia.
No tengo miedo a llevar entre mis poemas el hambre, el dolor, la infamia.
Yo no tengo miedo, no, no temo masticar estas tinieblas, no temo desafiar a los canallas.
No tengo miedo a decir, ni a escribir, ni a cantar, con el corazón hundido en la tierra, en esta tierra de unos pocos traficantes de esperanzas.
No tengo miedo, no, camino preñada de rabia, con la vida a cuestas y un cortejo de cadáveres a mi espalda.
No tengo miedo a los que amordazan. Si me quitan el papel, me quedará la voz, si me rompen la voz, quedarán otros que como yo, andarán los mismos caminos de esta verdad que espanta.
Yo no tengo miedo, no, mi libertad de expresión ni se arrodilla ni se desangra.

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