Y tú qué haces? opinión

Y tú qué haces?

cambio
Y TÚ ¿QUÉ HACES?, por jReilly – Rafael Gómez

Pues eso mismo, ¿qué haces tú para mejorar o resolver los
problemas de esta sociedad?.

Hace tiempo leí una verdad como un puño que me impactó por
su sencillez: sólo hay tres tipos de personas, las que se
comprometen, las que observan y las que huyen. ¿Qué tipo de
persona eres tú ante tus propios problemas y los ajenos?.

Pero, ¿qué es la vida sino el ir resolviendo los problemas que ésta
te presenta continuamente?. La diferencia se encuentra en la
actitud que adoptamos ante ellos. Con esta actitud podemos o
bien sumar y ser felices o bien restar y vivir amargados, es así de
sencillo.

Tendemos a pensar que como individuos un solo voto particular
es insignificante, que cualquier cosa que digamos o hagamos no va
a tener el menor impacto en el quehacer colectivo como sociedad.
Al mismo tiempo, es demasiado común oír a le gente quejarse
continuamente por esto y por aquello, hasta el punto que me
pregunto qué ocurriría si dedicaran la mitad de ese tiempo en
resolver precisamente los problemas objeto de esa queja.
Todo esto nos hace pensar que como individuos realmente
estamos absolutamente desenfocados y perdidos en este
maremagnum colectivo en donde todo el mundo intenta alzar su
voz en un griterío estridente: todos gritan, pero apenas alguien
dice algo con sentido común.

Sin embargo, siempre llevamos encima la llave, una llave mágica
de cuento infantil, que nos puede permitir cambiar las cosas,
ciertas cosas, en un mundo mucho más cercano al de las
dramáticas cifras macroeconómicas con las que parece que el
mundo se va a acabar el día menos pensado. Si usáramos bien esta
llave, nos daríamos cuenta de que para cambiar aquéllo, debemos
empezar a cambiar lo que más cerca tenemos, abriendo así una
caja, un cofre más bien, lleno de muchísimas sorpresas.
La llave es nuestra, cada uno tiene la suya, de nosotros depende
usarla o dejar pasar la vida y malgastarla.
Con esta llave, podemos:

 Mantener una actitud positiva ante los problemas: éstos
nos enseñan más que lo que realmente nos perjudican,
pero tenemos que aprender a extraer esas lecciones, nadie
lo puede hacer por ti.

 Mejorar el entorno laboral en el que te mueves: nada
mejor que la satisfacción de un trabajo bien hecho, el
ayudar a un compañero en apuros y el aportar ilusión a
todo lo que haces. Esto también es una cuestión de
hábito y de actitud y, cómo no, también depende de
nosotros.

 Dedicar más y mejor tiempo a tus hijos: olvida los caros
juguetes con los que sin darte cuenta quieres compensar,
quién sabe, algunas ausencias demasiado largas. Tus hijos
sólo necesitan que tú seas feliz, porque de esa manera tú
vas a estar a gusto en su presencia y vas a irradiar esa
felicidad. Busca y exprime esos momentos que ofrece el
día a día para disfrutar de tu responsabilidad como padre
o madre. También eso depende exclusivamente de ti, pero
date prisa, porque si tienes hijos pequeños, éstos crecen
rápido y el tiempo pasa corriendo.

 Cuida de tu pareja: el amor no sólo nos llega sin saber de
dónde sino que hay que mantenerlo vivo, cada día. Olvida
esas discusiones absurdas en las que nos solemos enzarzar
y esfuérzate en descubrir el contexto, las tensiones diarias,
el cansancio, etc. que están siempre detrás. Una discusión
no es una competición. Ten paciencia y encuentra las
palabras adecuadas.

 Tú eres el primer educador de tus hijos y, como tal, tienes
una responsabilidad enorme para que éstos modelen en
su día otra sociedad más justa. Piénsalo, pero es así. Esta
tarea no la podemos delegar, nos corresponde como
padres y madres.

 Mantén tu mente alejada de la nostalgia o los errores del
pasado y de las incertidumbres del futuro. Vivimos
continuamente enajenados por un pasado que pudo ser o
un futuro incierto. Cuanto más consciente se es del aquí y
el ahora, más cerca tenemos el sosiego de la felicidad
diaria. Esto tampoco nadie te lo puede dar, sólo tú.

 Renuévate y detecta condicionamientos automáticos en tu
manera de pensar. No podemos ser y pensar siempre de
la misma manera, al igual que nuestros cuerpos, los
esquemas de pensamiento deben evolucionar. En
demasiadas ocasiones vivimos anclados a un pasado ya
obsoleto o en aquellas respuestas fáciles que el sistema
nos da.

 Ve a por aquello que te apasiona y te gusta, sin sentir
vergüenza, sea lo que sea. Descubrirás el efecto
contagioso que esta actitud tiene entre los que te rodean.
He aquí una joya que nunca deberíamos olvidar: somos
buenos sólo en aquello que nos gusta y apasiona.

 No dejes que nadie intente alejarte de tus sueños; los que
lo hacen, son incapaces de alcanzar los suyos.

Así podríamos seguir con una lista interminable de cosas que
podríamos hacer por este mundo, esta sociedad, esta ciudad o
pueblo en donde vives: en definitiva, por ti mismo. Esta es la
mejor aportación que podemos hacerle a nuestra sociedad.

El mundo no es así porque sí, es una proyección de las vidas de
millones de personas, con sus anhelos e ilusiones, sus ansias de
paz y de amor, pero también de sus miserias y avaricia. Por tanto,
va a ser imposible cambiar aquello que no funciona bien en esta
sociedad si antes no cambiamos nosotros mismos, de ahí la
sencilla pero profunda cita de Ghandi: “Sé el cambio que quieres
ver en el mundo”
Piénsalo: ¿en qué grupo estás?, ¿entre los que se comprometen, los
que observan o los que, como la mayoría, huyen?.

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