Pensamiento libre y pensamiento esclavo Psicología

Pensamiento libre y pensamiento esclavo

pensamientoel originario.

El pensamiento es energía, y ninguna energía se pierde, dice la Ciencia. Pero hay pensamientos de alta o de baja frecuencia, según sean sus contenidos. Y eso deriva en un estado determinado de pensamiento social.

Además existe una ley universal de la energía : emitir y recibir. Y una consecuencia lógica: se cosecha lo que se sembró, y nadie puede consechar la siembra de otro. Esto es una ley cósmica.

Al pensar en la vida como energía, energía vital, la vemos manifestada en la materia. Pero la materia también es energía, aunque de baja vibración, energía densa. Cualquiera que sea su nivel vibratorio, se mueve incesantemente, por eso el universo está en continuo movimiento, y allá donde la energía baja de vibración, se densifica y tiende hacia lo sólido y burdo mientras que se hace sutil en la medida que sube de frecuencia vibratoria.

Algo parecido nos sucede como seres humanos. Nuestros pensamientos son energía, y como tal pueden ser energía de baja vibración (tales como envidia, odio, codicia, rencor, deseos de reconocimiento y semejantes), que son contenidos de conciencia negativos, primitivos, burdos, o por el contrario, de mayor frecuencia vibratoria, como amor, altruismo, bondad, alegría y semejantes, que son de alta frecuencia y les llamamos positivos.

Los primeros, forman el contenido de los pensamientos egocéntricos, del yo inferior, del yo insolidario (componente del explotador), que se niega a reconocer a cualquiera como su prójimo, y menos como su igual y vive inmerso en el “mío-mí-para mí”, que son formas de pensamiento negacionistas, y le llamamos “negativo”.

LA ENERGÍA SOCIAL DOMINANTE

El tipo de pensamientos que cada uno elabora se añade a los que son de su misma cualidad, y viendo el estado del mundo observamos que el pensamiento social dominante es una forma de energía negativa que niega al otro y a cualquier forma de vida que no se someta a la ley personal del mío, mí, para mí: una energía peligrosa que hace estragos entre la población a la que una parte de ella usa el poder negativo y convence o somete al resto. Esta parte privilegiada por su poder económico, político y militar, siembra por doquier odio, frustración, resentimiento, y otras formas de energía que dañan y provocan reacciones igu almente negativas entre los perjudicados, convirtiéndoles así en insospechadas fuentes de emisión de energías de la misma clase.

De este modo se retroalimenta el sistema.

El pensar negativo lleva al stress, a la depresión, al bloqueo de la energía personal hasta el punto que le obstaculiza lo que debiera ser como en la inteligente naturaleza un movimiento constante hacia la cooperación, la expansión, lo sutil, la unidad con la gran inteligencia universal. A esta inteligencia universal mayúscula, que rige la naturaleza lleva, por el contrario, el segundo tipo de pensamientos: los pensamientos positivos, cuya energía está en línea con la que proviene de esa inteligencia universal a la que algunos llamamos Dios. Y mientras los pensamientos negativos son pensamientos que separan y bajan la energía, los pensamientos positivos son pensamientos que unen y suben nuestra energía disponible. Disponible así para evolucionar.

PENSAMIENTOS QUE UNEN Y PENSAMIENTOS QUE SEPARAN.

Lo que hasta ahora se ha dicho tiene grandes consecuencias en las relaciones personales y por supuesto, en las relaciones sociales, que no son más que la integración de la energía de los individuos en diversos grupos humanos entrelazados a su vez entre sí de muy diversas formas. El caso es que lo que uno piensa y siente es una energía que no se pierde y se pone en contacto con las de su misma frecuencia vibratoria debido a la ley de semejanza: los semejantes se atraen, se llevan bien.

Esa ley permite que se formen amistades, parejas, clubs, grupos políticos, religiones, etc. una compleja red de interrelaciones que configura finalmente el mundo; un mundo donde vemos cómo prevalece la violencia, el odio, el rencor, el deseo de tener más, de ser más, de poseer más poder…O sea; un mundo donde prevalecen los pensamientos negativos, que al ser mayoritarios organizan la vida colectiva según los principios negativos del “mío-mí, para mí”, el individualismo eg océntrico y el desprecio a los semejantes, y donde el pez grande se come al chico como viene siendo desde tiempo inmemorial y antes, por supuesto, de la aparición de la propiedad privada y el capitalismo.

¿ELIMINADA LA CAUSA, ELIMINADO EL EFECTO?

¿Podemos pensar entonces que si los pensamientos negativos son los padres del capitalismo, eliminada la causa, eliminado este efecto?…Porque ¿cómo sería posible la explotación de unos por otros si prevalecieran entre nosotros los pensamientos altruistas, la bondad, la compasión, los sentimientos pacíficos, el respeto al otro y otros semejantes? ¿Acaso no sería esta la mayor revolución de la humanidad, enferma de negatividad milenaria? Es difícil negar esto, y la gran pregunta es cómo conseguirlo.

Sin embargo una cosa es segura: precisamos encarnar en cada uno el mayor número de pensamientos positivos y eso del “cómo” es el “cómo” de cada uno exactamente. Eso, multiplicado por los que so mos, elevaría la vibración de la Tierra, influiría positivamente en el clima, en nuestras relaciones con la naturaleza y todos los seres naturales. Inevitablemente, determinaría las relaciones de propiedad, producción, distribución y el nivel de bienestar colectivo mundial al poner en disposición del conjunto lo que hoy es patrimonio de unos pocos de miles egoístas y avaros.

¿No es este un proceso largo?, objetarán algunos. ¿Durará más tiempo que el de toda la humanidad hasta ahora? Porque ya es durar en el erre que erre del “mío, mí, lo mío y el para mí”, que ya es ser tercos cada cual y así nos está yendo.

Dejen, por favor, de intentar cambiar el mundo. Haga cada uno su propia revolución interior y veremos cómo podemos llegar a ser espíritus libres y ciudadanos adelantados de ese mundo que habitaremos antes o después, y que no se parecerá más a este que ya no nos sirve para ser mejores, libres o felices. Si nosotros hemos creado estas sociedades, solo nosotros podemos deshacerlas.

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