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Fábulas de Esopo

Fábulas de Esopo

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Con los malos y perversos de nada sirve la verdad ni la razón; ni vale otra cosa con ellos sino la fuerza.

Los que piensan mal e intentan dañar a los otros, suelen a veces destruirse a sí mismos.

No se debe hacer compañía con los poderosos, porque el trabajo es para los más débiles y el provecho para ellos.

Los ingratos y malos, mientras más beneficios reciben, más se animan a hacer mal a quien se los hace.

Se debe ser muy cauto en ceder a los ruegos de otro en cosas importantes, pues muchas veces, los que solicitan como débiles, imponen la ley cuando se ven fuertes.

Debemos perdonar a los ignorantes y a los necios.

No se deben escuchar ni creer las engañosas adulaciones, porque la vana alabanza trae fatales resultados. El que lisonjea, seguramente quiere engañar.

Las riquezas tienen solo una apariencia de felicidad que si se examina está llena de amargura y cuidados.

Comúnmente son más felices los pobres que los poderosos.

No hagamos mal a los débiles, porque no se venguen de nosotros; pues hasta el más débil si se le irrita puede hacer daño de muchos modos.

Ninguno debe hacer lo que no le pertenece ni le es propio; y así el necio pensando que complace, lo que hace es causar disgusto y enfado.

El que ofende a la divinidad, no debe esperar que sus ruegos sean escuchados en la tribulación.

No se debe vivir desprevenido; nos debemos guardar de los mal intencionados, si no queremos caer en sus redes.

Se debe obrar prudentemente, mirando el fin que se puede seguir, y que mejor es padecer algún trabajo que por librarse de él, caer en otro peligro y molestia más grave.

El que no tiene prudencia, abandona lo mucho por lo poco. Los beneficios de los malos son siempre sospechosos.

No se debe creer a todos pues hay muchos que dan falso consejo en provecho propio y daño ajeno.

No se deben creer todas las palabras, porque en las expresiones afectuosas se oculta a veces una intención dañina.

Los que más se jactan son los que menos hacen.

Se deben despreciar los vanos temores, pues la mayor parte de las veces lo más grave que hay en el peligro es el miedo que se le tiene.

El que no acierta a llevar con paciencia sus males, mire los ajenos y aprenda a sufrir, pues el infeliz se alivia viendo la mayor miseria de los otros.

La falsedad es odiosa.

No podemos vivir desprevenidos, pues unos con otros vivimos en continua guerra.

Los afectos humanos son débiles y variables y se debe fiar poco de ellos.

Muchos, ciegos por la desgracia y mal aconsejados por el miedo, se pierden imprudentemente a sí mismos.

Recelaos del que os puede dañar, no sea que el hablar os pierda y el no hablar os mate. Procurad estar lejos de los que tienen dominio sobre vosotros.

No apetecer lo que se ve imposible de conseguir.

A veces lo que no puede la fuerza lo alcanza el ingenio.

Quien mezcla las obras buenas con las malas, hace mal siempre.

Debe contentarse cada uno con lo que Dios le dio, pues Él sabe lo que más nos conviene.

El que pone lazos a otro, es a veces cogido en ellos.

No debe el hombre tomar amistad con quien puede más que él.

Por el consejo de uno se pueden librar muchos. El buen consejo nunca se debe despreciar.

El cobarde y fanfarrón deslumbra a los que no le conocen, y es la risa de los que saben quien es.

El cobarde abandona la honra si trae peligro, y toma para sí lo seguro aunque sea con bajeza.

Frecuentemente, los soberbios son destruidos, no obstante su resistencia, y los humildes muchas veces escapan del peligro.

No se deben envidiar los bienes que traen consigo peligros y miserias.

Conviene mejor saber una sola cosa que sea útil, que muchas cosas que no sirvan en caso de necesidad.

Muchas veces al hablar inoportuno trae grandes perjuicios.

La demasiada abundancia de las cosas retarda en los hombres el adelanto del ingenio.

Nunca será fiel amigo el que ha sido enemigo. A quien ofendiste alguna vez procura pedirle perdón y hacerle todo el bien que puedas, pero guardándote siempre de él.

El ignorante que presume de sabio solo saca burla y desprecio.

La unión hace fuertes a los débiles y la división hace débiles a los fuertes.

Nadie debe jactarse de saber mucho, ni despreciar a sus maestros.

No se debe fiar ciegamente en lo que nos dicen; se debe juzgar de las palabras, según sean las obras de la persona que las pronuncia.

Ninguno debe hacer lo que no alcanzan sus fuerzas, pues el que se atreve a hacer lo contrario, además del mal a que se expone, queda en una posición ridícula.

Algunos por no perecer ellos, pierden a otros. No es de honrados procurar su provecho y utilidad causando la ruina de otros.

No busques auxilio de los malos. Del perverso no se debe esperar bien alguno.

Las cosas dudosas no se deben adoptar creyendo que han de tener un éxito seguro.

Se debe compadecer a los malos ya pequen en poco o en mucho.

No se debe estimar al amigo que no sabe serlo en las ocasiones.

El que carece de lo que tú posees probablemente tiene lo que a ti te falta.

Los fuertes suelen ser temerarios, pero el arte y el ingenio pueden a veces más que la fuerza.

El envidioso, con tal de causar daño a otro, se sacrifica a sí mismo.

No se debe resistir a los más fuertes, sino ceder a ellos dejando pasar su fuerza.

El mérito propio debe callarse y dejar a los demás que lo conozcan y lo alaben.

Muchos aconsejan a los demás lo que les acomoda a ellos mismos.

La amistad que no ha sido probada en la adversidad, no debe inspirar una total confianza.

El que persevera en las malas costumbres se hacen con el tiempo una segunda naturaleza.

Los necios, en los días prósperos se desconocen a si mismos, y sólo en la adversidad suelen conocer sus errores.

Guárdate del enemigo que finge debilidad.

El prudente sabe hacer los mayores sacrificios cuando lo exige su seguridad.

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