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Vivir sin miedo

Vivir sin miedo

sin miedo

María Elena Araujo Torres

“A lo único que hay que tener miedo es al miedo mismo”. Franklin D. Roosevelt.
Esta máxima es absolutamente funcional para la vida de cualquier persona, sobre todo porque fue expresada por un hombre con amplia experiencia en el contacto humano e infinidad de situaciones a lo largo de su existencia y en su desempeño como trigésimo segundo Presidente de los Estados Unidos y único en ganar cuatro elecciones presidenciales en esa nación.
Y es que ni siquiera hace falta haber ostentado altos cargos políticos o de cualquier índole para comprobar que el miedo es el principal enemigo que tenemos cuando planificamos alguna actividad, proyecto o acto sencillo cotidiano.
El miedo paraliza, evita que podamos avanzar. Cuantas situaciones hemos podido experimentar, vivir, desarrollar si no se hubiera cruzado el miedo en nuestro camino.
El miedo es tan poderoso que hasta es usado como instrumento de coacción, por algunos políticos y expertos en conducta humana, para doblegar y lograr sus propósitos. La conocida periodista y escritora canadiense, Naomi Klein, lo describió de forma certera hace ya algunos años en su libro La doctrina del shock “El miedo como instrumento de poder es viejo conocido”.
El miedo es irracional cuando no se sustenta en situaciones de peligro, cuando es producto de temor al futuro a lo que todavía no ha ocurrido y seguramente no ocurrirá, cuando salimos mal en un examen aunque hayamos estudiado y conozcamos la materia; cuando debemos dirigirnos a una persona que manifieste poder de cualquier índole y pensemos que vamos a ser rechazados porque no estamos a su altura; cuando fallamos en una entrevista de trabajo por temor a decir o hacer lo equivocado; cuando no viajamos a un paseo porque nos atormenta la idea de que ocurra un accidente en el camino; cuando no vamos al médico para evitar descubrir alguna enfermedad mortal.
Y entre lo peor que nos produce el miedo es enfermarnos. El médico Salvador Casado explica que “el problema es que el exceso de miedo también afecta a la salud. La tensión psicológica mantenida, que habitualmente denominamos estrés, puede tener efectos deletéreos. En primer lugar produce cansancio. ..Lo que termina llegando a la consulta es el cansancio o el dolor. La gente se siente agotada. El médico explora, pide unos análisis y todo está bien. Diagnóstico de presunción: estrés. Cada vez más frecuente. O bien el paciente se queja de dolor de cabeza, o en el cuello, quizá en la espalda…”.
Claro que existe el miedo saludable, el que sentimos cuando realmente hay una situación de peligro, ese que nos permite tomar las medidas necesarias para preservarnos o preservar a los nuestros. Ese que nos hace tirarnos al suelo si hay una balacera, correr o subirnos a un árbol si viene a nosotros un animal peligroso, apartarnos de las personas agresivas capaces de hacernos daño fisícamente, atravesar rápido la calle si viene un auto a toda velocidad.
El doctor Casado nos hace el siguiente aporte para ayudarnos a superarlo. “Ante el miedo suelo prescribir conciencia. Trato de ayudar a que el propio paciente se dé cuenta de qué le está pasando, qué está sintiendo, por qué. Esa conciencia lleva consigo la cura y la solución, permite que la persona pueda resituarse y hacer los cambios convenientes en su vida”.
Camilo Cruz también ofrece importantes sugerencias en su archiconocido libro La Vaca. “No permitas que la vida pase de largo…y cuídate de no engrosas las filas de aquellos que, en las postrimerías de su existencia, sólo podrán recordar con remordimiento y tristeza todas las oportunidades perdidas…te invito a que aceptes el reto de vivir…una vida donde todo sueño es posible y los únicos límites son aquellos que tu mismo te impones”.
También dejo esta frase que leí por una red social y que invita a reflexión: “Cuidado con los miedos, les encanta robar sueños”.
María Elena Araujo Torres

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